Venezuela se está conectando nuevamente con el mundo de forma progresiva. Si bien la tragedia natural del doble terremoto registrada en junio pasado retrasó los planes de ampliación de varias aerolíneas que habían solicitado el regreso al país, la conectividad avanza paso a paso.
Entre las novedades destaca Qatar Airways, aerolínea que operará por primera vez en el país a partir del próximo mes de noviembre, iniciando sus vuelos con escalas en Colombia. Asimismo, ITA Airways ya anunció su regreso oficial para el próximo año 2027. Con estos anuncios, las conexiones internacionales comienzan a reactivarse.
Para destinos donde los venezolanos no enfrentan restricciones de visado —donde solo bastan el pasaporte y el boleto aéreo—, el flujo de pasajeros será mucho más fluido, ya que la ausencia de barreras legales facilita el intercambio turístico, familiar y de negocios.
Sin embargo, la situación cambia radicalmente con otros países de la región que mantienen estrictos requisitos migratorios. LATAM Airlines, una de las mayores aerolíneas de la región, tiene planes de iniciar vuelos directos entre el Cono Sur y Venezuela para 2027. Ciertamente, en Chile viven hoy más de 700 mil venezolanos, lo que representa una razón de peso para que la aerolínea vea este mercado con buenos ojos.
No obstante, la realidad geopolítica genera un fuerte contraste: los venezolanos que residen en Venezuela necesitan una visa para ingresar a territorio chileno, mientras que los ciudadanos chilenos no la requieren para entrar a Venezuela. Este vuelo directo beneficia principalmente a los venezolanos residentes legales en el país andino, pero representa un obstáculo para el resto de la población. Además, las tensiones políticas y los discursos sobre migración en Chile añaden un factor complejo, especulándose sobre la utilidad de una conexión directa para la gestión de flujos migratorios de retorno o deportaciones.
Un escenario similar ocurre con Aeroméxico, el gigante azteca, que también tiene planeado regresar a Venezuela el próximo año, a pesar de que México continúa exigiendo visa de ingreso a los ciudadanos venezolanos.
¿Conviene flexibilizar la llegada de aerolíneas sin reciprocidad?
Ante este panorama, surge una reflexión necesaria sobre las prioridades en materia de aviación civil: las próximas aerolíneas que deseen retornar al país deberían ser evaluadas bajo un criterio de conveniencia nacional y reciprocidad.
Países como Chile, México y Perú implementaron el requisito de visa para los venezolanos debido a la crisis humanitaria del éxodo de años anteriores. Aunque dicho éxodo masivo se ha detenido considerablemente —y la salida del país ya no se dirige prioritariamente hacia estas naciones—, la exigencia de visados sigue haciendo incómoda la experiencia de viaje y limita el entusiasmo de los venezolanos por visitar estos destinos.
No se puede pensar en mantener una apertura indiscriminada de rutas aéreas hacia países donde no existe una reciprocidad legal en materia migratoria. El momento ideal para que estas aerolíneas operen a plenitud será aquel en el que dichos gobiernos dejen a un lado el requisito de solicitar visas, garantizando un trato equitativo y sin trabas burocráticas para los ciudadanos de ambos países.










