La aerolínea pública venezolana Conviasa muestra en sus canales oficiales una oferta cada vez más reducida de destinos internacionales. Para este mes de octubre de 2026, las rutas al exterior se limitan a Cuba, Barbados y Santa Lucía —todos destinos caribeños—, habiendo dejado de operar hacia México o Nicaragua y concentrando cerca del 90% de sus operaciones en rutas nacionales.
Esta contracción en los vuelos internacionales responde principalmente a las características de su flota, compuesta por aeronaves como el Embraer 190, un Airbus A340-300, un ATR y un Cessna Caravan 208. Al tratarse mayoritariamente de equipos de corto alcance, los costos operativos del Airbus de largo alcance resultan elevados para sostener de forma eficiente la red. Resulta llamativo que en los últimos años las autoridades anunciaran constantemente nuevas rutas de largo alcance hacia Moscú, China o Medio Oriente con este último equipo, las cuales al parecer carecían de un estudio técnico de rentabilidad y respondían más bien a decisiones políticas presidenciales que ignoraban los costos reales, condenando a la aerolínea a una gestión emocional antes que a criterios técnicos del sector aéreo.
La sombra del pasado: El caso VIASA
En foros y redes sociales se debate con frecuencia si este tipo de aerolíneas estatales deberían replantearse o desaparecer, recordando el precedente histórico de la emblemática VIASA, la cual operó durante más de 30 años como un verdadero orgullo nacional y de sus trabajadores. Sin embargo, decisiones políticas de aquel entonces la arrastraron a pérdidas constantes debido al uso discrecional por parte de funcionarios y familiares, culminando en una privatización desacertada con el grupo español —supuestamente prometida al rey de España— a espaldas de los intereses nacionales. La historia demuestra cómo las decisiones gubernamentales supeditadas a intereses externos o particulares suelen perjudicar a la sociedad, lo que reabre el debate sobre la conveniencia de que el Estado administre empresas de esta índole.
Una alternativa histórica: El rol de Aeropostal
Una propuesta interesante que surge ante este panorama es trasladar las operaciones, itinerarios y parte de la estructura a la aerolínea más longeva del país y una de las más antiguas del mundo: Aeropostal Alas de Venezuela. Fundada en 1929 como la pionera de la aviación nacional, y camino a su primer centenario, podría erigirse como la verdadera aerolínea bandera, dejando atrás las inercias gerenciales de corte político que arrastra Conviasa. Un esquema mixto —manteniendo un 50% de capital nacional y abriendo el otro 50% a inversores privados nacionales o internacionales— podría garantizar una administración mucho más eficiente y transparente.
Conectividad con propósito: La fuerza de la comunidad venezolana en el exterior
Más allá de los grandes corredores transatlánticos, el diseño de rutas de una aerolínea bandera debe entender que la mayor demanda actual responde a la presencia de comunidades venezolanas establecidas en más de una decena de países de la región y el mundo. Hoy en día, el mapa de destinos soñados ya no se limita exclusivamente al turismo tradicional; el lugar donde reside un familiar o un connacional se convierte automáticamente en un punto de alto interés para visitas por reencuentro, turismo vacacional e incluso oportunidades de negocios.
Si bien aerolíneas internacionales como LATAM han mostrado interés en ingresar al mercado nacional, las aerolíneas venezolanas también deberían tener la capacidad operativa de volar hacia esos países donde existe una sólida demanda cautiva de venezolanos. Quizás las frecuencias iniciales no alcancen los volúmenes masivos del pasado, pero la presencia estratégica en la región es indispensable. Una aviación comercial moderna debe conectar a las familias, dinamizar el intercambio comercial a pequeña y mediana escala, y aprovechar ese mercado natural que impulsa cada asiento disponible.
Hacia una visión global y estratégica
En Venezuela urge adoptar decisiones políticas y gerenciales que aseguren un horizonte próspero para el país. Esto no significa prescindir del talento humano actual, que posee un valor y una experiencia incalculables, sino optimizar los recursos materiales y humanos disponibles.
Bajo una óptica de verdadera expansión comercial y diplomática, Venezuela debería estar conectada de forma directa con gigantes asiáticos como China, Japón o Corea del Sur, naciones con las que se han estrechado lazos en los últimos años. Un enlace directo hacia China representaría una excelente oportunidad para que los empresarios nacionales participen de manera directa en ferias y eventos comerciales, ofreciendo productos de alta demanda en ese mercado (como ron, café y cacao). Si bien conflictos geopolíticos como el de Rusia limitan temporalmente ciertas rutas, a futuro el itinerario internacional de las aerolíneas nacionales debe contemplar estos mercados estratégicos.
La visión de una aerolínea bandera debe consolidar un puente sólido y directo tanto a nivel regional como transatlántico, facilitando el intercambio mutuo y reduciendo las barreras de conectividad que hoy limitan el desarrollo del país.